Estudio revela que la mayoría de las guerras ocurren en regiones de alta diversidad biológica

2/20/2009

Los conflictos civiles amenazan a la naturaleza y a las personas en los hotspots de biodiversidad

Alington, Virginia (Febrero 20 de 2009)- Un nuevo estudio publicado por la revista científica Conservation Biology encontró que más del 80 por ciento de los mayores conflictos armados en el mundo desde 1950 al 2000, ocurrieron en las regiones más amenazadas y ricas en diversidad biológica de nuestro planeta.  

Con el título "Guerra en los Hotspots de Biodiversidad", el estudio liderado por científicos conservacionistas de talla internacional, comparó  las mayores zonas de conflicto con los 34 hotspots de biodiversidad del mundo identificados por Conservación Internacional (CI). Los hotspots (www.biodiversityhotspots.org) son considerados como prioridades de conservación porque en ellos habitan más de la mitad de todas las especies de plantas y al menos el 42 por ciento de todos los vertebrados.

"Esta sorprendente conclusión-que los principales reductos de vida en la Tierra son también las regiones de mayor conflicto humano-nos dice que estas áreas son esenciales tanto para la conservación de la biodiversidad como para el bienestar humano" dijo Russell A. Mittermeier, presidente de Conservación Internacional y uno de los autores del estudio. "Millones de las personas más pobres del planeta viven en los hotspots y dependen de ecosistemas saludables para su supervivencia; por lo tanto es una obligación moral-como también un responsabilidad social y política-el proteger estos lugares y todos los recursos y servicios que estos proveen".

El estudio encontró que más del 90 por ciento de los mayores conflictos armados-definidos como aquellos que resultan en más de 1.000 muertos-ocurrieron en países que contienen uno de los 34 hotspots de biodiversidad, mientras que el 81 por ciento se presentó dentro de un hotspot específico. Un total de 23 hotspots han experimentado guerras en la mitad de siglo analizado por el estudio.

Ejemplos de la conexión entre la naturaleza y el conflicto civil incluyen la guerra de Vietnam, donde el venenoso Agente Naranja destruyó la cobertura forestal y los manglares costeros, y la extracción maderera que financió las guerras en Liberia, Camboya y la República Democrática del Congo (DRC). En estos y otros casos, el daño colateral de la guerra ha impactado negativamente la riqueza biológica de la región y la habilidad de las personas de vivir de esta.

Adicionalmente, los refugiados de las guerras deben cazar, recolectar madera para cocinar y construir sus campamentos, incrementando la presión sobre los recursos locales. Más armas significan un incremento en la caza de animales salvajes que puede decimar las poblaciones de vida silvestre-como el 95 por ciento de los hipopótamos masacrados en el Parque Nacional Virunga en la República Democrática del Congo.

"Las consecuencias se extienden más allá de la guerra misma", dice el autor principal de estudio, Thor Hanson de la Universidad de Idaho. "Las actividades realizadas para la preparación de la guerra y aquellas implementadas durante el post-conflicto también tienen implicaciones importantes para la biodiversidad de los hotspots y las personas que allí viven".

En total, los hotspots albergan gran mayoría de los 1.2 billones de personas más pobres del planeta, quienes dependen de los recursos y servicios que proveen  los ecosistemas naturales para su supervivencia diaria. Las preocupaciones ambientales tienden a decrecer o colapsar en tiempos de conflictos sociales, y las actividades de conservación se suspenden generalmente durante épocas de conflictos activos. Al mismo tiempo, la guerra provee ocasionalmente algunas oportunidades de conservación, como por ejemplo la creación de "Parques de Paz" a lo largo de fronteras sobre disputa.

"El hecho de que tantos conflictos hayan ocurrido en áreas  donde se presenta una alta pérdida de la biodiversidad y una gran degradación de los recursos naturales, requiere de mucha mayor investigación sobre sus causas subyacentes, y enfatiza la importancia de estas áreas para la seguridad global" dijo Mittermeier.

El estudio concluyó que los grupos internacionales de conservación-y más aún la comunidad internacional-deben desarrollar y mantener programas en regiones desgarradas por la guerra si quieren ser efectivos en conservar la biodiversidad global y mantener los ecosistemas saludables. El estudio también hace una llamada para la integración de estrategias de conservación como parte de los programas militares, humanitarios y de reconstrucción en las zonas bajo conflicto civil en el mundo.

"Fomentamos el apoyo para los conservacionistas locales y el personal que trabaja en áreas protegidas durante los periodos de conflicto, pero en ningún momento estamos sugiriendo que debemos ponerlos en peligro", cita el estudio. "El personal local generalmente se queda en las áreas de conflicto precisamente porque en esas áreas están sus hogares, haciendo que el apoyo continuo sea un imperativo ético y una buena estrategia de conservación".

Los autores del estudio son Mittermeier; Hanson y Gary Machlis de la Universidad de Idaho; Thomas Brooks del Center for Applied Biodiversity Science (CABS) de CI; Gustavo Fonseca del Global Environment Facility y de la Universidade Federal de Minas Gerais en Brasil; Michael Hoffmann de la Unidad de Evaluación de Biodiversidad de la  UICN-CI/CABS; John F. Lamoreux de la Universidad de  Texas A&M; Cristina Mittermeier  de la Liga Internacional de Fotógrafos Conservacionistas y John D. Pilgrim de Birdlife International.

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