TRES COMUNIDADES AWAJUN DE SAN MARTÍN LOGRAN ATERRIZAR PLANES DE VIDA DURANTE LA PANDEMIA

enero 11, 2021

Luego de largos meses de trabajo y con una pandemia que planteó interesantes retos al proceso, tres comunidades awajún del Alto Mayo lograron aterrizar sus planes de vida, marcando un nuevo horizonte para su futuro. Conversamos con Milagros Oblitas, Coordinadora de Pueblos Indígenas de Conservación Internacional Perú, acerca de qué son exactamente estos planes y porqué son importantes para la conservación del Alto Mayo.

Milagros Oblita 1

 

¿Qué es un Plan de Vida?

Un plan de vida es un documento de planificación  de las comunidades que se trabaja con toda su población y que les permite organizarse para lograr una mejor calidad de vida, o el buen vivir, como ellos mismos lo denominan. Bajo la cosmovisión indígena todo siempre debe de estar en equilibrio, por eso el plan de vida explora y busca una armonía entre estos cinco aspectos; la economía, el aspecto social, cultural, el mundo natural y la política. Lo interesante de estos planes es que parten siempre de una reflexión sobre su historia, su pasado, y en base a ello planifican su futuro. A diferencia de la planificación occidental que suele ser lineal, con los pueblos indígenas el proceso es circular. Ellos no ven su futuro sin mirar su pasado; su historia es el punto de referencia para pensar en su futuro y es por eso que resaltar el valor de los conocimientos ancestrales de su propio pueblo es vital.

¿Porqué es importante que las comunidades nativas tengan un plan de vida?

La principal función de un plan de vida es fortalecer las capacidades internas de planificación y gestión de las comunidades. Trabajar un plan de vida les permite articular su visión de futuro a 5 o 10 años desde su modo de ver el mundo y alinearlo a otras visiones que pueden existir dentro del territorio . De esta forma, en base a las prioridades establecidas dentro de su plan, los jefes de las comunidades pueden entablar un diálogo horizontal con las autoridades de sus regiones, solicitando, por ejemplo, apoyo específico que es prioridad para toda su comunidad, y no algo que únicamente beneficie al jefe de la misma. Por otro lado, el proceso de trabajar un plan de vida ayuda a cambiar esa percepción de la comunidad indígena como pobre o débil, y reconoce el valor de su cultura y los recursos que tienen. Así, al realzar las fortalezas de cada comunidad su relacionamiento con el mundo exterior también se ve favorecido.

¿Cómo contribuyen los planes de vida a la conservación?

El proceso de un plan de vida inicia con la reflexión sobre en qué estado se encuentra “el hombre del buen vivir”. Este hombre representa en cada una de sus extremidades el universo económico, el mundo social, cultural, y político. Al centro de este hombre, en su torso o tronco, se ubica el mundo natural. En otras palabras, sus recursos y territorio son el eje central alrededor del cual debe de girar su bienestar. Partiendo de esa premisa, si el mundo natural no está bien cuidado y conservado, el resto de los aspectos no puede desarrollarse dentro de la comunidad; no se puede tener ingresos y una economía próspera si es que la naturaleza, sus bosques, plantas, suelos y animales no se encuentran en buen estado.

 

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¿Cuáles han sido los retos y las lecciones planteadas por la pandemia?

Para desarrollar estos planes de vida entrenamos a 3 miembros de cada una de las comunidades, dos hombres y una mujer, con la ayuda de expertos. Estos promotores locales aprendieron a recopilar información y a generar una reflexión participativa de sus miembros de la comunidad. A diferencia de la comunidad de Huascayacu, donde el experto permaneció en la comunidad durante toda la pandemia acompañando el proceso, en las otras dos, los promotores fueron capacitados a través de sesiones de whatsapp. A pesar de las dificultades, esta metodología ha sido fundamental para continuar con el trabajo durante la pandemia. Además, la mayor parte de la información recopilada se hizo en su idioma local y contribuyó a una mayor participación y consenso de la población. Debido a COVID-19, no se pudieron realizar grandes asambleas para validar la información que se estaba obteniendo. En cambio, esto se hizo mediante reuniones más pequeñas con grupos especializados como mujeres, jóvenes, cazadores y pescadores, lo que también generó un proceso de reflexión más rico. En cada una de estas comunidades tenemos personas que han interiorizado completamente los planes de vida, y aunque los líderes de cada comunidad cambien con el tiempo, la visión de sus planes vivos seguirá vigente.

En los últimos cuatro años te has dedicado al desarrollo de planes de vida con población  machiguenga, asháninka, shipibo-conibo y ahora con población awajun. ¿Qué ha sido diferente de este proceso?  

Ha sido sumamente gratificante observar que los jefes de las comunidades tienen muy interiorizado el discurso de sus planes de vida y que lo están convirtiendo en su herramienta de gestión. La elaboración del plan de vida ha sido la primera acción que hemos realizado con las comunidades y sobre la cual hemos construido un vínculo, sin limitantes de tiempo o recursos y hemos dedicado mayor tiempo a los espacios de reflexión. Se han abordado todos los elementos de la gobernanza en su conjunto evitando sesgos que a veces pueden partir de los propios interés de quienes financian los planes de vida. Y como nuestro acompañamiento a estas comunidades recién empieza, podremos atestiguar en el mediano y largo plazo el impacto que los planes tendrán en el desarrollo de sus comunidades.

Por otro lado, las comunidades Awajun del Alto Mayo son bastante particulares con respecto a los demás pueblos con los que he trabajado, la dinámica que tienen con la población mestiza con la que prácticamente conviven- por el arrendamiento de sus tierras, ha modificado sus modos internos de organización, pero aun así prevalecen con fuerza sus practicas tradicionales. Por ejemplo, en el caso de Huascayacu donde altos niveles de deforestación y conflicto político parecían indicar lo contrario, los comuneros recurrieron a sus sabios en lugar de a sus juntas directivas, impuestas por el mundo occidental, cuando buscaban soluciones y acciones en respuesta a la pandemia.

Y ahora, ¿qué toca?

¡El trabajo recién empieza! Ahora es importante hacer seguimiento y acompañar a estas comunidades a que ejecuten sus planes de vida. Tanto su elaboración e implementación es responsabilidad de la comunidad; por ello contempla actividades que ellos mismos pueden liderar así como otras donde requieren de apoyo externo, donde como Conservación Internacional los acompañaremos. El reto es que cuando monitoreen estas actividades relacionen su progreso al plan de vida; si se logra mejorar los ingresos de la comunidad, que esto no se vea de forma aislada, sino que lo vinculan a la importancia de la integralidad y equilibrio del buen vivir entre las dimensiones económicas, sociales, culturales, políticas y el mundo natural.

 

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