Estudio advierte sobre la presión que ejercerá el cambio climático en la producción de vino y la conservación

4/7/2013

​​Arlington, VA, (USA) - ¿Pordría su merlot estar creciendo al lado de los alces en el Parque Yellowstone o en las llanuras al oeste de Rusia? Un nuevo estudio realizado por un equipo internacional de investigadores y liderado por Conservación Internacional sugiere que sí. El principal hallazgo del estudio revela que el cambio climático tendrá un impacto dramático, reduciendo el área apta actual para la producción de vino en algunas zonas y ampliando otras, con posibles consecuencias negativas sobre el capital natural y los ecosistemas esenciales para las especies y el bienestar humano. 

El estudio en el que participaron el Laboratorio Internacional en Cambio Global (LINCGlobal), fundado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), sugiere que el cambio climático podría afectar a los productores de vino más importantes del mundo, con consecuencias de largo alcance para la conservación de la naturaleza. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, están afectando el delicado equilibrio entre temperatura y humedad, elementos principales para el cultivo de uvas de vino de alta calidad.

Este estudio fue publicado hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Esta investigación es el primer análisis global de los impactos del cambio climático en la producción y conservación del vino. El estudio encontró  que el impacto del cambio climático será dramático en algunas zonas y puede generar conflictos importantes entre la mantención de esta actividad  industrial,  la conservación de la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos claves como ser la provisión de agua dulce. Según el estudio, para el año 2050 la zona apta para la viticultura disminuirá entre el 25% y el ​​73% en las regiones productoras de vino más importantes, que son las de clima mediterráneo. Al mismo tiempo, nuevas áreas donde tradicionalmente no existía aptitud para la viticultura por estar a altas latitudes, como es el caso de algunas zonas del Oeste de América del Norte y Norte de Europa, serán cada vez más adecuadas y buscadas por los productores de vino. En este escenario, la mayor demanda por parte de la industria del vino para mantener cultivos viables y productivos sin duda agravará la situación en el contexto de una reducción de un 15% promedio en las precipitaciones.  

Lee Hannah, autor principal del artículo y Científico Senior de Biología del Cambio Climático en el nuevo Centro Betty y Gordon Moore para la Ciencia y Economía de los Ecosistemas de Conservación Internacional, dijo "el cambio climático va a mover las regiones con potencial para producir vinos a distintos lugares. Estos cambios globales presionarán sobre la fauna silvestre en algunos lugares sorprendentes.” Según Hannah “la sensibilización de los consumidores, la industria viticultora y las acciones de conservación son necesarias para ayudar a mantener el vino de alta calidad y reducir las externalidades negativas sobre los ecosistemas y los servicios que estos proveen para la humanidad. Esto es sólo la punta del iceberg y el mismo consejo se debería tener en cuenta para muchos otros cultivos globales".

El establecimiento de viñedos en las elevaciones más altas puede conducir a la eliminación y la degradación de la vegetación natural, que tienen efectos a largo plazo sobre la calidad del hábitat para las especies nativas. El oeste de Norte America, sobre todo en las Montañas Rocosas, cerca de la frontera Canadá-Estados Unidos y hogar de los osos pardos, el lobo gris y el antílope, fue identificado en el estudio como una de las áreas donde la aptitud vitivinícola podría aumentar y donde el impacto sobre la vida silvestre podría ser severo. 

Los investigadores analizaron nueve de las principales áreas vinícolas en el primer mapa mundial de la producción futura de vino, utilizando múltiples modelos de aptitud para la viticultura. Las áreas analizadas con más detalle son: California, el oeste de Norteamérica, Chile, Europa Mediterránea, Norte de Europa, la región florística del Cabo en Sudáfrica, partes de Australia con clima mediterráneo, zonas de Australia sin  clima mediterráneo y Nueva Zelanda.

“Estos resultados no representan buenas noticias para la industria del vino en Chile, argumenta Pablo Marquet, coautor del artículo y director del Laboratorio Internacional en Cambio Global (CSIC-PUC), “Los incrementos proyectados en el estrés hídrico asociado a la producción de vino son dramáticos. Aquí existe un importante desafío para la industria; hacerse más eficientes en el uso del agua. La zona de  ecosistemas mediterráneos  de Chile concentra grandes densidades de población humana (y por ende alta demanda de agua), donde más del 70% de los hábitats naturales se han perdido, o están severamente degradados y donde menos del 3% de su área se encuentra protegida. En este contexto la adaptación a los cambios en el clima que se anticipan en los próximos 30 a 50 años va a ser una tarea compleja.

"El cambio climático pondrá en marcha la competencia por la tierra entre la agricultura y la vida silvestre - uvas de vinificación son sólo un ejemplo. Esto podría tener consecuencias desastrosas para la fauna. Afortunadamente, existen soluciones proactivas. Estamos creando programas basados ​​en incentivos con propietarios privados para proporcionar hábitat a medida que expandimos nuestra capacidad de alimentar a un planeta en el futuro en un planeta en crecimiento bajo un clima cambiante", dijo la co-autora Dra. Rebecca Shaw, científica del clima y Vicepresidente Asociada del programa de Tierra, Agua y Fauna del Environmental Defense Fund.

Los autores de este estudio internacional concluyeron que las uvas son un símbolo de una gran variedad de cultivos cuyos desplazamientos geográficos, en respuesta al cambio climático, tendrán implicaciones importantes para la conservación y que se necesitan con urgencia medidas de adaptación para mantener la productividad y minimizar los impactos sobre los ecosistemas terrestres y de agua dulce. Entre las recomendaciones de los investigadores del estudio, destacan las siguientes: 1)  la planificación conjunta de la expansión de los viñedos entre los gerentes de las empresas y los científicos expertos en  conservación, para evitar zonas de alta importancia ambiental, 2) Fomentar la conciencia del consumidor incentivando el consumo de vinos que provienen de viñas que poseen manejos sustentables y son compatibles con la biodiversidad y 3) invertir en nuevas variedades de uvas que ofrezcan sabores similares, pero con tolerancias climáticas distintas y mejor adaptadas a los cambios futuros en el clima.  

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